Alta Ruta Pirenaica: Diás 5 y 6 Chalets de Irati – Belagua – Lescún

Cinco de Julio de 2012. Renovado. No se si alguna vez dormí tan bien. El dolor de ayer se añade al de los días anteriores. Unas ampollas crecen en mis pies. Barajo la opción de desayunar en el albergue, pero considero que ya me he tomado demasiados lujos. Qué tal el camino al Pic d’Orhy, pregunto. Hay mucha niebla, mejor rodearlo por carretera, responden. Por un oído me entra y por otro me sale. Así que salgo rumbo al Pic d’OrhyIMGP9060

Aquí va mi plan con mi mapuchi: Cuatro horas hasta el Pic d’Orhy, comer, y 20 km en seis horas hasta el refugio de Belagua. Más que suficiente para este día.

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El panorama es desalentador desde el principio. Constantemente me planteo dar marcha atrás e ir por carretera, pero sigo dando pasos hacia delante, como hipnotizado. El Pic d’Orhy es uno de los grandes atractivos de la ruta. Es el primer pico que supera los dos mil metros desde el cantábrico, y parece levantarse desde lo lejos como una falsa pirámide. La HRP cruza por ahí y no querría perdérmelo. IMGP9061No dispongo de ninguna facilidad. No hay camino, ni marcas, solo niebla y espesura. Me voy perdiendo sin prisa, pero sin pausa.IMGP9063Dejen que se lo explique. En un día soleado debería ver el objetivo como si todos los caminos llevasen a Roma. Debería emerger una mole hacia el Este con magnéticos poderes de atracción, como en la foto.

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Pero hoy, desde el mismo sitio, solo hay ocho metros de visibilidad.IMG_2768

Me detengo en varias ocasiones. Estudio los pocos elementos de orientación de que dispongo. Sopeso esperar a que suba la niebla. El mecanismo de ubicación del móvil me da la dirección en línea recta al Pic d’Orhy. La sigo durante un par de horas entre paradas y dudas. Me lleva por una cresta que va estrechándose peligrosamente. La niebla le da un tono fúnebre a la escena.IMG_2774La cresta se estrecha de tal manera que solo caben mis pies, y el terreno se hace irregular, con saltos de roca. En esto que surge un paso conflictivo mientras la niebla se hace más densa. Valoro si puedo pasarlo. Me pruebo. Es difícil y la visibilidad es cero. No se ve ni si quiera donde caer. Sufro un notable ataque de pánico y vértigo y me doy media vuelta. Me entra una risa nerviosa.

—Hasta aquí hemos llegado—me digo —vuelvo al albergue.

Al salir del cresterío desciendo unos metros y, alejado de la pendiente, distingo un pequeño camino con el que rectifico. —Bueno, podría seguir insistiendo— planteo.IMG_2776Tras seis horas y media perdido entre la niebla comienzo a tener visibilidad.IMG_2779IMG_2780La altura me da la necesaria perspectiva. Hay un festival de nubes hasta el Pic D’orhy (2017m). IMGP9064IMGP9066IMGP9068IMGP9069IMGP9070He pasado momentos de amargura, y las increíbles vistas no compensan lo suficiente. Me preocupa no tener los medios necesarios para afrontar esta aventura. Me detengo a comer, a contemplar y a meditar.IMG_2782IMG_2783IMG_2784IMG_2786Desciendo 500 metros de desnivel hasta el puerto de Larrau. Son las 16:30h y aún me quedan 20 km para llegar al refugio de Belagua. En la base del puerto hay un cartel con un mapa e indicaciones para seguir la GR12, también conocido como Sendero de Euskal Herría. Como la HRP coincide en esa parte del recorrido saco una foto. Quién sabe si me será útil. Este es el nivel. IMGP9072Pero nada más empezar la segunda parte de la jornada ya se que tocará sufrir y dar palos de ciego.IMGP9073Voy siguiendo con firmeza las balizas blancas y rojas por el sendero. Cuando pierdo el rastro de la GR12 vuelvo sobre mis pasos hasta encontrarlo de nuevo. Como quien dice, no tengo el chocho para farolillos. De vez en cuando hay pequeños claros que me sonsacan una bocanada de paz.

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Sueño con una cena de lujo en el refugio de Belagua. Voy pensando en comida caliente al precio que me pidan y hago cábalas sobre las posibilidades del menú. No se ve nada.

Por difícil que parezca tengo una sensación de libertad que no alcanzo a describir. Es como si tuviera la certeza por momentos de que no hay nadie en 50 kilómetros a la redonda y que puedo hacer lo que me de la gana. Incluido el ridículo. También hay que reconocer que todo tiene una belleza extraordinaria, y que la niebla no empaña sino que tiñe. Pregúntenselo a David Linch.IMGP9074

Para colmo mis provisiones de agua se van consumiendo, y empiezo a valorar que podría no llegar al refugio. El día se termina y cada vez hay menos luz. La GR12 se desvía para subir el pico Latxartela (1912m). Desvío y cuesta empinada. No estoy para estas historias pero no pienso abandonar las balizas. No me queda otra. Entonces me veo desviándome de mi objetivo de llegar al refugio, subiendo una pendiente salvaje en línea recta, con la noche en el cogote y justo de agua, y me pregunto qué demonios estoy haciendo ahí. Llego a la cima y noto que la niebla me permite ver un poco mejor. Me doy la vuelta y asisto estupefacto al inesperado regalo.IMG_2789IMG_2790

De entre un mar de nubes sobresale el Pico Bimbaleta, y los últimos rayos de luz componen un cuadro que difícilmente olvidaré. Y al instante recuerdo la razón por la que estoy haciendo esto.

IMG_2791En cuestión de segundos el sol se esconde. Me dejo caer por la montaña a la velocidad del viento. Es curioso, en el puerto Larrau literalmente no podía más, y veinte kilómetros después estoy volando hacia el refugio con una determinación milagrosa. Me asombra lo elástica que es la percepción del límite humano. IMG_2792La noche cae y llego a una zona con un caudal de agua cerca y donde se ve una carretera al fondo. El refugio debe de estar cerca pero no tengo tiempo para más. Ni tiempo ni ganas. Monto la tienda y, en la penumbra de la noche, expongo mis preocupaciones antes de dormir.

Por la mañana descubro el estado del refugio de Belagua. Un proyecto muerto que al parecer tuvo algún intento de prosperar y que ahora se encuentra lamentablemente abandonado. Abro mi libro de las lamentaciones y elaboro un plan.

FullSizeRender (2)En principio marcharé por el karst de Larra y llegaré al pueblo francés de Lescún en siete horas. En realidad iré por donde haya balizas que seguir, ni más ni menos. Cargo el máximo de agua, esta vez no quiero pringar. Parto hacia Francia. Un bosque bien frondoso me resguarda del sol, que hoy pegará fuerte.imgp9077.jpgUna hora más tarde aparece el karst de Larra, un paisaje casi desértico que la naturaleza ha tallado sobre la roca caliza, rompiendo literalmente el suelo en mil piedras partidas y descompuestas, abiertas como cuchillos, muchas verticales, y que requiere de grandes cuidados y un buen calzado para andar por encima de ellas.

Voy muy concentrado en seguir las balizas. Sin embargo después de los primeros tramos, las marcas desaparecen. Es un momento delicado, regreso varias veces al punto de conflicto, pero no hay nada. Parece que la dirección de la última baliza tiene dirección Este por el centro del valle. IMGP9078Lo sigo tras sopesar todas las opciones.  Continuar por el karst sin las pistas que te da el sendero marcado es otra cosa. Es lo más parecido a un laberinto que he visto en mi vida. El suelo se hunde en agujeros sin fondo. Para avanzar diez metros hay que ascender y descender cientos de colinas destrozadas por la erosión.larra-1-2-copy.jpgLlego a un collado, el suelo se asienta de nuevo. Me siento aliviado. Estoy harto de las dificultades y mis imprudencias.IMGP9079Francia me da la bienvenida con una coqueta alfombra de nubes al cobijo del Pic de Anie.IMGP9080IMG_2793Me dejo caer mil metros de desnivel y me arrastro por carretera hasta llegar a Lescún.IMGP9081IMGP9082IMG_2797Pido que me atiendan y me alimenten. Necesito recarga de energía.

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