GR11 Días 5 y 6: Pineta – Viadós – Ref. Coronas

En el reflejo veo a un hombre pequeño, con mil espinas clavadas, perdido entre golpes y montañas, hendido por el rayo y en su mitad podrido, tratando de encontrar pistas y, en última instancia, encontrarse a sí mismo.

IMGP92036 de Julio de 2013. Estoy en el curioso pueblo de Javierre. Para enmendar el roto del día de ayer prescindí de seguir la GR11 por las alturas del valle glaciar de La Larri. En su lugar caminé durante toda la mañana los 16 kilómetros por carretera desde un camping recóndito de Pineta hacia Parzán, donde haré un reinicio mental de la travesía. Salgo de este valle por la puerta de atrás, sin haberlo disfrutado como yo pensaba, pero estas casi cuatro horas de asfalto no consiguen quebrantar mi espíritu.IMG_5028He aquí mi reinicio con un plato combinado y un café. Siete euros. Nunca he sido más feliz.

El plan es ascender hasta el lago Urdiceto y dormir en el valle de Chistau. Distancia: 7 horas. Parecen muchas horas de camino para tan pocas horas de luz.FullSizeRender (5)Salgo a las 14, una hora como mínimo cuestionable. Se que el sol será un duro adversario. El comienzo es por pista forestal y me aprovecho de un efímero resguardo con pinos y hayas. A las 16 llego al embalse de Urdiceto y su central hidroeléctrica (1900m). IMG_5030La pista forestal se reduce a un camino estrecho y los árboles desaparecen. El calor me abofetea el cogote. Hay un último tramo de nieve que, pese a la pendiente, ya no me sorprende.IMGP9204IMGP9207Sobre las 17 llego al collado de Urdiceto. El macizo del Posets se presenta como una imposición en el horizonte. IMGP9210Voy siguiendo por un maravilloso sendero las balizas del GR11. Adoro cuando es así de fácil. Me regodeo en mis pequeños descansos. Voy pensando que por mucho que corra no llegaré al refugio antes de que anochezca. No me preocupa, acamparé donde proceda.IMGP9215Los colores tornan hacia el ocre y el rojo. El descenso es un festival de estímulos hacia el valle encantado de Chistau.img_5039.jpgSe termina el día y estoy aún a dos horas del refugio de Viadós. Decido acampar en una pequeña planicie de pasto de la ladera. En un principio pienso que estoy a una altura insuficiente para acampar, y que a alguien le podría molestar que ponga la tienda aquí… pero qué demonios!IMG_5041Soy espectador de una noche seductora. Desde mi pequeño asentamiento y a los pies del Posets percibo una calma extraña. La saboreo un momento y me voy a dormir.IMGP9218

Entonces ocurrió un suceso que calificaremos como inexplicable:

En mitad de una noche cerrada de luna nueva unos sonidos ásperos me despiertan. Son ruidos extraños e intermitentes, guturales y deslavazados, al mismo tiempo agudos y graves. Bajan por la ladera por la que yo he venido. Es decir, vienen de ninguna parte, puesto que hay mínimo seis horas hasta llegar a algún poblado. Miro el reloj, la una de la mañana. La voz, aparentemente amenazadora, es de un ser que imagino drogado, loco o procedente del mismísimo infierno. —¿Será un pastor endemoniado que no quiere que acampe?— Trato de escuchar, extrañado. No hay ninguna palabra inteligible. Empiezo a pensar que podrían ser sonidos no humanos. Tienen una intermitencia de unos ocho segundos entre un alarido y otro, y no se escuchan pisadas, y se acerca. Sigo dentro de la tienda, y he agarrado un bastón por si me tengo que pelear con alguien. La voz ha amagado con venir hacia mí. Sin embargo después de un merodeo sigue por el sendero, descendiendo por la ladera, y escucho cómo se aleja por mi oído derecho.

Estupefacto busco calmarme. —Qué diablos ha sido eso?— En fin, trato de dormir de nuevo. Lo consigo, me relajo. No pasa mucho tiempo y me desvelo otra vez. Escucho a lo lejos la misma voz que se acerca. Ya está aquí otra vez, pienso. Pero presto atención, aún con los ojos cerrados, y me doy cuenta de que esta vez la voz me llega por mi oído izquierdo. Mi cuerpo entero se pone en tensión. Miro el reloj, la 1:30. Me pregunto varias veces si estoy soñando. No es posible que la voz desaparezca por un lado y aparezca por otro atravesando un barranco. Empiezo a pensar que esa voz no es humana, pero tampoco creo que pueda provenir de un animal o un pájaro. Son gritos corrosivos inconexos, y sigo sin escuchar pisada alguna. Y se acerca. Agarro fuertemente los bastones. Estoy en posición abdominal dentro de la tienda. Se acerca mucho, y viene envalentonada. No respiro, no hago ni un ruido. No me muevo para no rozar la lona de la tienda. Controlo el vaho que sale por mi boca. No inhalo, no exhalo. El ente pasa rozando, diría que llega a tocar la tienda, con un chillido ensordecedor, y cuando me espero lo peor, pasa de largo y vuelve por donde ha venido ladera arriba. El sonido del silencio es un completo estruendo, una línea de frecuencias afiladas en mi oído. Estoy ya seguro de que no es ningún sueño porque el corazón se me va a salir del pecho. La voz vuelve a ninguna parte, y se termina apagando. ¿Que por qué no salí de la tienda? Esa es una pregunta buenísima. El terror a veces provoca reacciones impredecibles. También deberían preguntarse si ustedes hubieran salido en la misma situación, y saludar de paso a la criatura que se encontraran. Tiempo después busqué si había referencias a algún tipo de mitología o leyenda en aquel valle. Tiempo después el suceso sigue siendo del todo inexplicable.

Día 6

El día siguiente se presenta luminoso y con resaca de estímulos. El susto de anoche anula mi capacidad de razonamiento. Lo archivo como “una de esas cosas que suceden a veces”. En hora y media llego al refugio de Viadós.gr11Viadós—Me ponga café y tostadas a mansalva— pido en el refugio, y doy por cerrado el caso de la criatura del monte.

Me gustan los pequeños caprichos que uno se permite en una travesía como la que recorro, donde uno se priva de las comodidades cotidianas. Son estos pequeños placeres, lujos si me apuras, los que recompensan el esfuerzo. Placeres que se perciben de otra manera, desde la carencia, como si se multiplicaran los efectos.

—Me saca una foto? —solicito con educación.

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El Posets entero ante mis ojos, y al fondo el camino que seguiré y el valle por el que ascenderé. IMGP9224Con la cafeína empezando a funcionar organizo mi jornada. Me tomará la mañana entera llegar al Refugio de Estós, y para ello habré de ascender 900 metros hasta el puerto de Chistau, y descenderlos. Y después ya veremos.

Perfil viados estos
Perfil: Ref. Viadós – Ref. Estós

 imgp9225.jpg Me detengo a descansar en el Puente de Añes Cruces. Disfruto de un paisaje de alta montaña, a un paso de que la altura cambie la hierba del terreno por roca milenaria.IMGP9229IMGP9230Me encuentro por primera vez con un compañero de travesía, creo que Noruego. Está haciendo la transpirenáica desde Creus. Compartimos impresiones y objetivos. Hablamos como si fuéramos amigos que hace tiempo no se ven. Un entusiasmo contenido nos acerca espiritualmente.

—A dos días de camino tienes el paso de Vallibierna, el tramo más alto de la travesía, hasta arriba de nieve —me advierte.

IMGP9231Una hora después he llegado al Puerto de Chistau (2560m). Un nuevo macizo montañoso emerge en la lejanía, y este es el más grande de todos. La Maladeta me saluda con el Aneto como faro de los Pirineos.IMG_5047IMGP9235IMGP9236

A la hora de comer estoy por fin en el refugio de Estós. Consumo mis provisiones, buscando abastecerme de energía y también quitar algo de peso de la mochila.

Refugio de Estós
Refugio de Estós

Toca decidir cómo será lo que resta del día. Cruzar los valles desde Parzán a Benasque se me está haciendo largo. Trataré de llegar al refugio no guardado de Coronas antes de que anochezca. Habrá que descender hasta cota 1400 metros, y recuperarlos después, en 27 km… Madre mía.

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Refugio Estós – Refugio Coronas: 27 km

El valle de Estós es un descubrimiento por el caudal de su río y su vegetación. A medida que descendemos un bosque de coníferas me resguarda del sol. Las distancias son enormes. Mañana tendré que aminorar el ritmo. En mis cuentas me salen unos 45 km y 1700m de desnivel positivo en esta jornada. —Bueno, si no llego pongo la tienda donde se pueda—. La normativa dice que está prohibido acampar a menos de 2000 metros…

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Las 18.30, y reventado. Después de comerme un bocata en el camping del Puente de San Jaime afronto la última subida. Me lleva tres horas más. La luz del sol me abandona y empiezo a mirar de reojo sitios donde acampar. Apurando hasta el último momento consigo mi objetivo.

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Refugio de Coronas
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