Anillo Extrem Días 4 y 5: Bulnes – Vegaredonda – Vegabaño

Día 4

Lo nuestro fue despertar y descender hacia Poncebos. Todo seguido. Allá esperábamos hacernos con un desayuno en condiciones.

IMG_1707Siguiendo la Ruta de la Reconquista atravesamos la Canal del Tejo, camino natural desde tiempos inmemoriales entre Bulnes y Poncebos. Unos 450 metros de desnivel de descenso en cuatro kilómetros.IMG_1708Los desdichados que decidan realizar este paso por el funicular se perderán una buena hilera de maravillas naturales.IMG_1826IMG_1709En Poncebos ya había un ambiente desayunante desde bien temprano. Era Viernes, y las nueve de la mañana, y estamos en uno de los bordes de la clásica ruta del CaresIMG_1710Coches hasta donde llegaba la vista, y mucha gente, familias enteras, mascotas… Nada que no esperáramos.IMG_1714Advertencias, taxis, y alguna sorprendente señal nueva, como la del cartel.IMG_1715Desde el inicio del paseo por el Cares nuestro ritmo era alto y machacón, por lo que íbamos sorteando a los transeúntes que nos encontrábamos. Yo era un espectador novato y, aunque esperaba que la ruta hiciera honor a su fama, debo reconocer que me impresionaron sus pendientes estranguladas.IMG_1717IMG_1720El exceso de aforo conseguía distraerme a ratos. A cada metro nacían historias, de la abuela que se cansa, del niño que se acerca curioso a la pendiente, que si un selfie con la cabra, que si me he perdido, pero cómo te vas a perder alma de cántaro si solo hay un camino.IMG_1721IMG_1722IMG_1724Y por fin llegó el cruce hacia el valle de Texa, dirección Covadonga. Nuestros caminos se desvían. Didi regresó hacia Caín. Nos despedimos tras 20 horas de batalla conjunta que dio mucho de sí. Nos vemos en otra, caballero.IMG_1725IMG_1726Nueve horas a Covadonga, marca la señal. Ya será menos, pensé yo. Con lo que enfilé hacia arriba como si no hubiera un mañana. IMG_1728Tanto se pronunció la pendiente que hubo más de un tramo de acongoje. IMG_1731Hora y media larga en subir se me fue. Y en lo alto, prado y casetas de pastoreo, y nubes, y vastedad.IMG_1732Otra hora y media necesité para cruzar los incontables collados para los que no se vislumbran ni pico ni cima. Un perro se me acercó y gentilmente me marcó el paso durante un buen trecho.IMG_1735Me llevó por buen camino hasta aquellas casetas, después de las cuales me esperaría por fin el premio del descenso.IMG_1737IMG_1738Cuando enfilaba la última subida, un señor salió de una caseta. Le costó poco cogerme el paso. IMG_1739Se trataba del dueño del perro y pastor de la zona. El iba en busca de un burro que se había escapado, y a mí me urgía encontrar agua. Charlamos de todo un poco, y amablemente me condujo hasta una de esas fuentes de monte que solo conocen los lugareños.IMG_1740No recuerdo su nombre, pero aceptó posar para una foto. Y con esas nos despedimos.IMG_1742Bien cargado de agua proseguí mi descenso mientras asomaba una niebla por el Norte. Llevaba cinco horas desde el cruce del Cares, y empezaba a pensar que igual me comía las nueve horas que pronosticaron.IMG_1743Al poco, ya no se veía nada. La vida me dio el GPS. Y aún así anduve perdido media hora. IMG_1744Un letrero que encontré de milagro me devolvió a la senda y, tras un breve descanso con bocata, me dirigí hacia el refugio de Vegaredonda.IMG_1745IMG_1749La niebla me dejó un resquicio para apreciar los Lagos,…IMG_1750…antes de desaparecer. El día se preparaba para una notable puesta de sol.IMG_1755IMG_1761IMG_1769Sobre las 20 de la tarde ya casi no me funcionaba ni el aliento, y aún quedaba un buen trecho de ascensión. Mi propósito no era otro que encontrar un lugar decente donde montar la tienda.IMG_1770Descanso para mis pies y mis riñones. Y con agua. Qué más se puede pedir.IMG_1781IMG_1774

Día 5

Recogí con agilidad y me uní a un grupo de madrugadores.IMG_1785Pasamos Vegaredonda y al poco rato cogí en solitario un desvío por un sendero que debía llevarme hacia Vegabaño, refugio del que partí cinco días atrás. IMG_1786En una cresta lancé la vista atrás. Allá a lo lejos se puede distinguir un lago. Y al fondo del todo? Diría que es el mar.IMG_1787IMG_1788Por delante tenía una jornada de roca sobre roca, territorio inhóspito,…IMG_1789…justamente por la espalda de la famosa Peña Santa.IMG_1791El recorrido me obsequió con una puerta natural construida con paredes de 200 metros. Por un breve instante me recordó a la Brecha de Rolando. Breve.IMG_1793Las horas se me pasaron saltando de piedra en piedra. Me perseguían unos nubarrones con pinta de descargar en cualquier momento, y entonces llegué a un refugio no guardado, último punto de control del día.IMG_1795En el mapa solo tenía que continuar de frente hasta Vegabaño, pero unos compañeros con los que me topé me convencieron para hacer un rodeo y bajar por la Canal del Perro. Estaba a punto de caer una buena chuza y no tenía tiempo de valorar alternativas.IMG_1797La Canal del Perro era una bajada de caer rodando. Demasiado trabajo para mis extenuadas rodillas. Pensar en el coche, en la cerveza de celebración, en terminar, en comida caliente, en una silla… todo ello me empujó a superar los últimos obstáculos.IMG_1798Con esfuerzo salí del pedregal y el paisaje tornó al verde y al árbol.IMG_1801De camino al parking me topé con este “roblón” centenario, que se encuentra entre los más viejos de España. Terminé con la sensación de que a este viaje no le faltó de nada.IMG_1802

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